LO ÚLTIMO QUE NECESITAMOS ES MÁS CRÉDITO.

Peter Schiff (presidente de Euro Pacific Capial) es de los que opinan que la crisis no ha hecho más que empezar. De hecho calcula que la crisis se presentará con toda su crudeza a finales de este año o principios del que viene.
En su opinión, la política de estímulos económicos que hasta el momento está aplicando el gobierno estadounidense, provocará entrar en una recesión más profunda que llevará a tasas de inflación de hasta tres dígitos. El gobierno de Bush, primero y ahora el de Obama se empeñan en no dejar actuar a las fuerzas del mercado imprimiendo dinero, emitiendo bonos y fomentando el consumo (de coches, de viviendas, etc) dejándonos a las puertas de una depresión.
Es necesario que los americanos gasten menos y ahorren más (mucho más de lo que están ahorrando  actualmente) porque una economía sólida debe sustentarse en el ahorro y en una consolidada producción. La economía norteamericana, tal y como está constituida en este momento, es un gigante sistema piramidal estilo Ponzi y lo mejor se puede hacer es dejar que colapse para reemplazarlo por uno mejor.
Schiff asegura que lo más lógico hubiera sido incrementar el tipo de interés (siguiendo con la teoría del fomento del ahorro) y que es lo que, al fin y al cabo, terminará haciendo la FED cuando ya se llegue a los límites de actuación del gobierno. Está claro que incrementar los tipos de interés ahora supondría una profundización en la crisis aunque para Schiff es el precio que debemos pagar tras años de crédito fácil y consumo indiscriminado.
La Gran Depresión de los años 30, según Schiff, debería habernos enseñado a cómo enfrentarnos mejor a esta delicada situación económica. Cuando la crisis estalló en 1929 Hoover, por aquel entonces presidente, no dejó que el mercado se autorregulase y Franklin D. Roosvelt después convirtió la profunda recesión en una gran depresión que duró más de una década. Schiff compara a Hoover con Bush y a Roosvelt con Obama pero para nuestra desgracia en la crisis actual los bancos centrales pueden imprimir tanto dinero como quieran provocando que los precios suban irremediablemente, cosa que no ocurrió en la Gran Depesión. En aquel entonces los que perdieron su dinero o el trabajo al menos se encontraron con que todo estaba más barato.

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