Situaciones excepcionales requieren de medidas excepcionales. Éste es mas o menos el mensaje que llevamos recibiendo por parte de los gobernantes desde que la crisis se hizo innegable. Desde aquellos días - finales del 2007 en Estados Unidos o finales del 2008 en España- se ha intentado casi todo para no sufrir las consecuencias de La Crisis.
Los gobiernos han gastado, gastan y gastarán millones y millones en frenar el colapso del sistema bancario, el parón de la economía, la subida incontrolada del desempleo… pero hasta el momento parece no ser suficiente.
Esta crisis es nueva para todo el mundo tanto por sus características como por su magnitud y si bien no aparecen nuevas ideas para solventarla al menos se están tratando de aplicar algunas recetas rescatadas de crisis anteriores. Una de ellas es la creación de los llamados “Bad Banks” que copia lo que se practicó en Suecia en los años noventa cuando sufrieron su propia burbuja inmobiliaria y otra es la llamada “Expansión Monetaria Cuantitativa o Quantitative Easing” que ya se practicó en Japón.
La expansión monetaria cuantitativa (EMC) consiste básicamente en aumentar la masa monetaria del sistema cuando los tipos de interés son cercanos a cero. Los bancos centrales - la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón- han bajado los tipos de interés en los últimos meses hasta dejarlos casi a cero pero el sistema bancario sigue sin prestar dinero bien por falta de liquidez, bien por falta de confianza o bien por ambas cosas. Para conseguir inyectar más dinero en la economía se puede “crear” dinero y negociarlo en el mercado lo que a la larga sería como imprimir dinero pero con algunas consecuencias calculadas.
Los Bancos Centrales crean una cantidad de dinero de forma electrónica y compran en los mercados una determinada cantidad de activos por medio de subastas al sistema bancario o al sector privado (títulos, bonos y otros activos seguros) por lo que automáticamente colocan ese dinero en el sistema. Con ese dinero lo bancos, este caso, tienen una cantidad de efectivo con la que pueden “descongelar” el crédito, y por tanto, reactivar la economía.
Con esta prática se consiguen varios efectos:
- Comprando deuda pública a largo plazo se consigue que el dinero sea más barato, disminuir los costes de los créditos y presionar más a la baja los tipos de interés.
- Haciendo que determinados activos no estén disponibles se conseguirá incrementar la demanda de los mismos.
- Bajar el tipo de cambio por lo que se incrementa la competitividad de los sectores exportadores.
- Ayuda a combatir la deflación.
Para que la expanisón cuantitativa funcione es necesario que la expansión cuantitativa sea lo suficientemente agresiva ya que los bancos podrían ser reacios a prestar y la crisis se prolongaría como en el caso de Japón (la deflación duró más de quince años) aunque si se adopta una política monetaria demasiado expansiva se podría dar el caso contrario y crear una galopante inflación -hiperinflación- como en el caso de Zimbabue donde la inflación llegó al 100.000 por ciento.
Es necesario, por tanto, tener siempre en cuenta que se trata de una medida temporar y que los Bancos Centrales tendrán que reinvertir el proceso vendiendo los bonos que compraron anteriormente cuando la economía se recupere.
Otro punto importante es si esta emisión de moneda será o no usada para financiar la expansión del déficit (como en el caso de Zimbabue). En estos momentos hay dos tendencias, por un lado los Estados Unidos no descartan tal posibilidad, por otro, en el Reino Unido no es posible ya que el Banco Central Europeo lo prohíbe.