El plan de estímulo económico propuesto por Obama no parece que se vaya a aprobar con toda la celeridad que el presidente exige. Parece que a gran parte de la clase política – republicanos y algún que otro demócrata- no le parece que 825.000 millones de dólares gastados en planes para revitalizar la actividad económica vayan a servir de mucho.
Todo el mundo conoce la tirria que el partido republicano tiene a la intervención estatal, pero en casos en los que “los americanos” creen que su forma de vida corre peligro suelen unirse como una piña sin importar las inclinaciones políticas de cada uno. Es por eso que resulta chocante que un plan tan “bien intencionado” se tope con continuos problemas.
Vemos ahora que los 700.000 millones de dólares aprobados por la administración Bush no han ayudado a mejorar la economía norteamericana y que las ayudas económicas que las entidades bancarias recibieron fueron a parar a los bolsillos de ejecutivos y a dividendos para los accionistas. Además los datos macroeconómicos cada vez son peores. Hace unos días el Departamento de Comercio ha afirmado que el PIB estadounidense se ha contraído un 3,8%, lo que supone el panorama más negro en los últimos veinticinco años y al ritmo al que crece el desempleo (600.000 desempleados más en la última semana) realmente si se quiere hacer algo mejor hacerlo cuanto antes. La cuestión es si un plan como este, tal y como está planteado, va a suponer una ayuda o un desperdicio que las próximas generaciones tengan que pagar.
Por lo pronto el pasado día 29, el plan de estímulo económico pasó la votación en la Cámara de Representantes con todos los votos republicanos en contra y algún que otro demócrata lo que indica el débil apoyo que el plan suscita.
Pasó, por tanto al Senado y allí volvió a recibirse con reservas. Los republicanos no ven con buenos ojos ayudar a la economía con dinero público; consideran que las reducciones de impuestos no son las suficientes y las provisiones de gasto mayores apoyan a objetivos económicos a largo plazo por lo que no ven que se vayan a mejorar los niveles de desempleo de forma inmediata.
Obama ha declarado que está abierto a cualquier cambio aunque eso no va a acelerar las cosas en absoluto.
