DIRECTIVOS.

Hace unos días, cuando los directivos de las grandes constructoras de automóviles americanas (GM, Ford y Crhysler, los tres grandes de Detroit) eran preguntados por la comisión encargada de decidir si recibirían ayudas por parte del Estado surgieron situaciones que explican muy bien hasta dónde hemos llegado.
Se les preguntó cuántos de ellos habían acudido a la cita en yets privados en vez de vuelos comerciales. Todos ellos levantaron la mano. Se les preguntó a continuación cuántos de ellos estarían dispuestos a viajar en vuelos comerciales por salvar la compañía. Ninguno levantó la mano. Otra pregunta a la que no supieron contestar puesto que parece que no tenían un plan preconcebido que presentar a la comisión fue: “ustedes llevan años quemando millones de dólares ¿Cómo podemos estar seguros de que no van a hacer lo mismo con el dinero que reciban de los EEUU? Al día siguiente la pregunta fue si estarían dispuestos a trabajar por un dólar la hora para salvar a la compañía y, por supuesto la respuesta fue no. De hecho uno de los preguntados dijo claramente que consideraba su sueldo perfectamente justificado.
¿Y de qué sueldo hablamos?
De verdaderas fortunas.
Y todo el mundo se pregunta lo mismo. Si ganan tanto, quizá se estén quedando con recursos que la empresa necesita para su normal funcionamiento.
Pongamos un ejemplo.
La fábrica que Porsche tiene en Leipzig (Alemania) ha supuesto un coste de 145 millones de Euros (con circuito de carreras incluido) para ponerla en marcha. El monto total que cuesta producir el nuevo modelo Panamera cuesta 150 millones de Euros. Los grandes directivos - 6 en total -  de la empresa han ganado en el último año 143 millones de Euros, de los cuales se estima que 80 millones han ido a parar al bolsillo del director general.
Con lo que se han embolsado los directivos de la empresa en los últimos años ¿no podría haberse desarrollado un automóvil puntero preparado para competir en la nueva situación del mercado?
La industria automovilística alemana tiene un gran problema: sus coches son costosos y sucios. Ahora resulta que en América, por ejemplo, tienen problemas para competir con los coches híbridos que otras empresas (japonesas) tienen en el mercado y con la situación económica al borde del colapso, estas empresas no tienen asegurada la supervivencia - como es el caso de OPEL -.
A lo que iba.
La cuestión no es sólamente cuánto dinero gana un directivo,  el problema radica en que si esas cantidades habiesen hecho falta para mejorar el rendimiento de la empresa estos señores no han tenido ninguna presión económica.
Si estas astronómicas cantidades habrían hecho falta para mejorar el rendimiento de la empresa, estamos ante un grave problema de falta de visión económica.
Si ese es el caso, ¿cómo consiguen seguir en su puesto de trabajo?

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